DON EMILIO LLEDÓ IÑIGO;

 

Magistral, Filósofo Y Profesor; dedicado en cuerpo y alma a servir a los demás defendido la Educación sin igual, tras escritos de historia donde las palabras hablan por si solas.

Su magisterio ha adquirido un aura sólo comparable con la de los más grandes, y sus antiguos alumnos hablan de él con una devoción similar a la que mostraba Hanna Arendt por el “mago de Messkirch”. Si Safranski consideró a Heidegger como “el maestro de Alemania”, nosotros podríamos considerar a Lledó como uno de los “maestros de España”. Él dice que no es un filósofo de verdad (como sí lo son Platón, Aristóteles o su querido Gadamer), sino tan sólo “un profesor que ha dedicado parte de su vida a estudiar la filosofía y que lo ha pasado muy bien enseñando a los demás”. Pero en el fondo todo sabemos que es uno de los pocos grandes maestros (me atrevería a escribir incluso que uno de los pocos sabios) que hoy tenemos, y con esa actitud nos acercamos a él, para poder saborear una pequeña parte de su inmenso legado.Se encuentra en  la biblioteca de la Real Academia de la Lengua.

En los libros y la libertad habla de  la importancia que tienen, pensamientos con eje:

  1. La filosofía griega clásica con una mirada especial a los diálogos platónicos y las éticas aristotélicas como epicureísmo.
  2. La atención del lenguaje como objeto principal de análisis filosófico.
  3. La elaboración de la amplia reflexión sobre la temporalidad y escritura que acabará desembocada en la memoria y astrología.

Su enseñanza de profundizar en la lectura, conocimientos clásico e historia; se deleita por los aforas griegas de barro. Como ética  de consolidar esa hambre de aprender, curiosidad de sembrar desde muy pequeños; la comunicación con otros en socializarnos, no perder el ideal, valores, defensor de la educación publica.

Había consultado libros interesantes sobre Tucídides, Herodoto, o quien fuera. Había estado en la biblioteca “dialogando” con esos libros, porque la biblioteca, los libros, la lectura suponen un diálogo de mi individualidad con esa maravillosa explosión de diálogos que te ofrecen los autores. Yo creo que es una suerte para los seres humanos que, a través del lenguaje, podamos dialogar con todos esos grandes. O no tan grandes: no hace falta que sean figuras supremas de la literatura o la filosofía. Cualquiera nos puede abrir ese diálogo con nosotros mismos, que muchas veces llevamos muy empobrecido, muy controlado y muy angustiado. La lectura, la biblioteca, es un espacio de la libertad. Y esto no es una metáfora. Si cogiéramos uno de estos libros que hay aquí y leyésemos un párrafo, nos pondría en movimiento para pensar más, para ir más allá, y eso es algo que se tiene que enseñar desde la escuela, desde el diálogo con los niños. Hay que enseñarles a leer, pero sobre todo hay que enseñarles la sensibilidad que implica el conocimiento de un lenguaje, enseñarles a mirar las palabras, a entenderlas, a elaborarlas, a conectarlas. En una palabra, a amar las palabras.

Con tantos medios de información, lo importante es de crear libertad intelectual y capacidad de pensar; no dejemos de aprender y tener curiosidad de la información.

 

 KARIN ILLESCAS